La abstración de “Lo público” convierte un determinada forma de propiedad en una categoria ideal

La abstracción de “Lo público” convierte un determinada forma de propiedad en una categoría ideal… A unas determinadas relaciones de propiedad le corresponde una determinada forma social. Lo público entendido como los bienes y servicios que la “sociedad civil” ha ido delegando en el Estado, es decir, como la aplicación de los diferentes instrumentos del Estado al servicio de un determinado modo de producción quedan gobernados y supeditados por éste. Esta característica del Estado como fiador de los negocios de la clase capitalista, en el caso especifico de la Unión Europea entra en contradicción. Por un lado los intereses del capital nacional cuyo instrumento válido para su defensa es el Estado nacional, y por otro, los intereses de los grandes combinados de capital fruto de la competencia exacerbada del mundo capitalista, cuyo instrumento válido es la centralización del poder político en un supra-Estado de la Unión Europea. La interpenetración europea de los capitales que ha tenido lugar en Europa tiende a dotarse de un super-Estado imperialista en Europa. Estas son las armas indispensables de los trusts europeos para conservar sus posibilidades de éxito en la lucha de competencia exacerbada. 

El Estado burgués no puede ser, ni es, neutral y menos un “arbitro por encima de todos” en este conflicto:
O bien defiende, con un mínimo de eficacia los intereses de los trusts europeos: es decir, Philips, Siemens, ICI, Hoechst Bayer, Péchiney, Sain-Gobain, FIAT, Royal-Dutch, BP, Thyssen, Daimler-Benz, etc, y todos los capitales financieros que los sustentan. Lo que plantea el problema de saber qué instrumento estatal puede ser el arma más eficaz en esta concurrencia ínter-imperialista agravada. O bien se discute si estos grupos desean, o son capaces de dotarse de un Estado para defenderlos contra el imperialismo norteamericano, Ruso, Chino, Japones  siguiendo la línea kauskista. Si bien hasta ayer se podía afirmar, sin miedo a equivocarse, que la integración económica de Europa se ha consolidado y hecho “irreversible”, con la fusión y absorición de las grades firmas industriales en todos los sectores y el surguimiento de nuevas sociedades financieras  europeas, al lado de numerosos grupos financiero-bancarios, comunes, creados en la década 60′ (FINERG, etc.) y que se han ido desarrollando,  no hay que inclinarse  hoy, precipitadamente, a la conclusión inversa: que la Unión Europea se descompondrá fruto de la crisis del euro y/o por la recesión generalizada que pone a la orden de día la vieja polémica entre los conflictos entre los intereses del capital nacional que reclaman la añorada soberanía nacional con sus mezquinas medidas proteccionistas y los intereses de las grandes corporaciones oligopólicas europeas representadas por el Consejo de Europa. De lo que no cabe duda alguna es que es el momento de la verdad.

En el caso de España la degradación de los servicios públicos es efecto directo de un recorte sin precedentes del gasto público. La disminución de los ingresos del Estado como consecuencia de la recesión económica internacional y una balanza de pagos altamente deficitaria como consecuencia de un elevado déficit en balanza comercial y de un enorme endeudamiento público y privado inflacionista alarmante coloca al gobierno entre la espada y la pared.

Sin perjuicio de las características específicos de la política monetaria  de la Zona euro.   Con carácter general, la moderación y dudas de las medidas de reactivación se explican por los temores de volver a estimular la inflación en un momento en que ya es mucho más fuerte que en las precedentes recesiones. Así se confirma que el capitalismo contemporáneo es incapaz de escapar al dilema entre recesión agravada o inflación agravada. A la larga la inflación agravada lo precipita a recesiones aún más graves y nos aboca a una crisis monetaria internacional.

El problema se complica debido a la competencia interimperialista. En efecto, mientras subsista el sistema de cambios flotantes, la agravación de la inflación interna ya no implica automáticamente un deterioro de la posición competitiva en el mercado mundial; incluso puede tener efecto contrario. Esta es, por otra parte, una de las razones por las cuales algunas de las potencias imperialistas consideran el sistema de cambios flotantes como un medio de competencia que debe ser proscrito.

Sin embargo, en un país imperialista, una tasa de inflación, considerablemente más amplia que las de su competidores, sigue teniendo consecuencias económicas desfavorables, aunque ya no amenace directamente las exportaciones. Al inflar la demanda interior eleva las importaciones, la que por otra parte, son incrementadas automáticamente por la misma tasa de cambio de la divisa nacional que protege las exportaciones contra los efectos de la inflación. Por ello, la inflación sigue estimulando el déficit de la balanza de pagos y, como consecuencia, la dependencia de los créditos internacionales y el debilitamiento de la posición competitiva global de la potencia imperialista en cuestión. Una tasa de inflación más elevada que la de los competidores, constituye una estrategia de competencia interimperialista válida sólo en el caso de reducción brutal simultánea del consumo interior, es decir, de modificación radical de la repartición del ingreso nacional a costa de los trabajadores y en favor de las inversiones productivas (ampliamente aseguradas por recursos internos) Tal situación no se presenta hoy día en ninguna de ls principales potencias imperialistas. Por ello, la timidez de las medidas de reactivación, salvo algunas excepciones, donde la tasa de inflación ha podido bajar precisamente debido a la perdida de poder de compra sufrida por la clase obrera. ¡Ahora bien, reactivación tímida no deja de significar “reactivación”

Por otra parte, la amplificación de la masa monetaria y de los subsidios diversos entre empresas capitalistas, no implican de ninguna manera un efecto automático de reactivación sobre las inversiones productivas. Para que los capitalistas utilicen las incrementadas facilidades de crédito puestas a su disposición, es indispensable que tengan asegurada una ampliación del mercado y una alza de la tasa de ganancia. Ellos no aumentan la producción por el simple placer de hacerlo; lo hacen para mantener o aumentar sus beneficios. Esto reclama, ante todo, que la producción incrementada sea vendida, y que lo sea en condiciones que permitan salir de la caída de las ganancias que caracteriza a toda la fase de recesión.

Pero volvamos sobre lo nuestro, esto es la degradación de “lo público”.

La explicación de este problema debe comprenderse claramente, y para ello es muy importante no concebir tal problema como un ejemplo de la política errónea de los administradores públicos o de los políticos capitalistas, sino como una expresión de las tendencias básicas del sistema capitalista. Una de las principales tendencias del capitalismo europeo, durante los últimos 50 ó 60 años ha sido la creciente socialización de todos los costos indirectos de producción. Eso constituye una contribución muy directa para que se realicen las ganancias privadas y la acumulación de capital sin afectar directamente a los beneficios y a los salarios. Los capitalistas ya NO se conforman para que el Estado page los cables de la electricidad y los caminos, sino que también quieren que sufrague los gastos de investigación, desarrollo, educación y seguridad social. Pero una vez que la tendencia hacia la socialización de los costos indirectos de producción se han puesto en marcha, es obvio que las corporaciones no aceptarán mayores impuestos para financiarlas. Porque si las corporaciones pagaran los impuestos necesarios para cubrir todos estos costos no habría ninguna “socialización”. En todo caso continuarían pegándolos de manera privada, pero en lugar de hacerlo directamente lo harían indirectamente a través de sus impuestos (y pagarían la administración de estos pagos también). Pero en lugar de aligerar la carga semejante solución la agravaría. De manera que existe una inevitable resistencia institucionalizada por parte de las corporaciones y de la clase capitalista frente al aumento de impuestos al nivel que sería necesario para hacer posible servicios públicos capaces de satisfacer las necesidades de la población en su conjunto…”

Planificación de la producción y la ley del valor:

“En efecto, ninguna forma de sociedad puede impedir que, de un modo u otro, sea el tiempo disponible de trabajo de la sociedad el que regule la producción. Pero mientras esta regulación no se lleve a cabo mediante el control directo y consciente de la sociedad sobre su tiempo de trabajo -cosa que sólo es posible en un régimen de propiedad colectiva-, sino mediante las oscilaciones de los precios de las mercancías, nadie podrá desmentir lo que Engels dejó dicho ya con todo acierto en los DeutschFranzösische Jahrbücher” Todo esto lo escribió Marx a Engels el 8 de enero de 1868. Esta es, en resumen, la contradicción fundamental entre una economía regida por un plan consciente y una economía regida por la ley del valor.

Una economía regida por la ley del valor es una economía en la cual la producción, y por tanto la inversión, está guiada por la demanda efectiva. Lo que aquí opera fundamentalmente no es tanto la diferencia en la intensidad de las diferentes necesidades de los diferentes individuos; lo que es decisivo es la diferencia en los ingresos. Así la producción está encaminada a satisfacer las necesidades de los estratos privilegiados. La producción de artículos suntuarios es estimulada antes que las necesidades elementales de las masas sean resueltas. Las rentas de las viviendas modernas están sujetas a la “ley del mercado”, de manera que sólo son accesibles a los estratos de más altos ingresos. Dado que es “incosteable” conforme a las leyes del mercado que operan al nivel de la empresa aislada, el consumo social (educación, salubridad, ciertos servicios públicos) es sistemáticamente sacrificado en aras del consumo individual más altamente “redituable“. Porque el consumo individual en la forma de mercancías es producido para ser vendido con una ganancia. Es obvio que una economía gobernada en este sentido se aleja del socialismo más que se acerca a él, incluso en el caso de que esto hiciera posible un incremento en la tasa de crecimiento económico. La lógica de una evolución semejante implica que las decisiones sobre las inversiones se hagan cada vez en mayor medida al nivel de la empresa individual. Una producción que se rige por las leyes del mercado y que está acompañada por una descentralización en la inversión reproduce progresivamente las fluctuaciones económicas características de la economía capitalista, con fases de sobreinversión seguidas por fases de subinversión, desocupación periódica, sobreproducción, etc.

Fifty years of World Revolution 1917-1967. Ed. Merit Publishers, Nueva York 1968

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“CENTRALIZACIÓN BUROCRATICA” Y “AUTOGESTIÓN DESCENTRALIZADA”

Ya era hora, parece que no todo está perdido… Sólo falta que se comprenda la necesidad de una organización, la necesidad de construir tendencias y partidos dentro del movimiento, de un centralismo democrático, de formar plataformas comunes y frentes únicos de lucha… Pero un movimiento de masas autogestionado de decenas de miles de individuos es una masa informe sin dirección ni sentido. La sola idea, tal y como está desarrolladas las fuerzas productivas y la sociedad en general, de una democracia horizontal de cientos de miles, ya no digo millones de individuos de ¡¡toda condición social!! es un galimatias demagogico de proporciones supermasivas… Deslegitimar el poder establecido sin ni siquiera pretender legitimar otro en su poder es en la teoría antirrevolucionario y en la práctica contrarrevolucionario… pero esto es ya un hecho NOTORIO, que la historia trágicamente nos ha mostrado… Tanta autogestión apartidista me pone malo… repasar la política de los anarquistas en la república, en el frente popular, repasar la historia…,

La elección no está entre “centralización burocrática” y “autogestión descentralizada

Toda una serie de decisiones económicas conciernen a una serié de colectividades infinitamente más grandes que una sola empresa; deben ser tomadas, pues, a nivel de estas colectividades, en otros términos, deben ser centralizadas de forma democrática. Debemos ser partidarios de una autogestión democráticamente centralizada o, si se prefiere de una autogestión planificada: no porque nuestro ideal sea ser centralizadores, sino porque se trata de una necesidad objetiva que corresponde a una realidad de la vida económica.

Esta centralización es inevitable e inherente al tipo de anarquía con la cual trabajamos hoy en día; se hará de todas formas, independientemente de la voluntad de la gente. Existe una elección fundamental ante la que hay que pronunciarse: si la centralización econnómica no se hace de forma consciente, es decir, planificada, deliberada, entonces se hará de forma espontánea, anárquica, a espadas de los trabajadores y de los productores.

La elección no está pues entre “centralización burocrática” y “autogestión descentralizada” La elección real con la que nos vemos confrontados en materia económica después del derrocamiento del capitalismo es la elección entre una autogestión democráticamente centralizada sobre la base de la planificación socialista o bien una llamada economía socialista de mercado en la cual las leyes del mercado continuarán, en lo esencial, dominando y subyugando a los trabajadores.

En fin lo dejaremos aquí… como una pequeña introducción…

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ECONOMÍA REAL

En una economía capitalista “normal”, o sea, en la economía real un cambio radical de la coyuntura que expresara la sobreproducción generalizada de las mercancías, la sobrecapitalización de la economía: es decir, el hecho que la masa total de la plusvalía producida ya no permite asegurar un rendimiento “satisfactorio” al conjunto de los capitales disponibles, se traduce siempre en una caída de los precios.

El hecho de que exista inflación “rastrera” (1) o “generalizada” no impide que esas caídas de precios se produzcan. Su característica es el aumento continuo del nivel general de los precios. Pero toda una serie de precios, aquellos sobre los cuales los monopolios tienen menos influencia (en los dominios donde la competencia se da de una manera más libre) comienzan a bajar.

Por el contrario, en un clima de inflación galopante, todos los precios se elevan sin cesar, aunque no necesariamente al mismo ritmo: la ley del valor continúa reinando por ese medio. La moneda totalmente depreciada se mantiene constantemente en circulación. Nadie quiere retenerla. Todo el mundo la cambia sin cesar por mercancías. Tal fue el clima en Alemania en 1923, o al final de la guerra, así como a la víspera o inmediatamente después de la liberación de los países ocupados por los nazis.

Hoy, como en la anterior recesión generalizada de principios a mediados de la década de los 70, aún no padecemos un clima de inflación galopante. Ciertos precios continúan bajando. Ta fue en primer lugar el caso del curso de las acciones en la bolsa, que conocen su peor recesión desde 1974, 1940 e incluso desde 1931.

Otro ejemplo es el precio de los terrenos para construir y, en general, los precios de las viviendas afectados, al menos en algunos países en que la especulación inmobiliaria había golpeado de manera más desenfrenada. Así si en la anterior recesión -verano 1974, en Inglaterra los precios para construir descendieron en 40% en relación al nivel del verano de 1973, arrastrando en su caída varias compañías inmobiliarias o de crédito inmobiliario, hoy le toca a España en que los precios han sobrepasado dicho porcentaje a partir del año 2007.

Finalmente, es también el caso de la mayoría de las materias primas

Abandonada a su lógica interna, toda chiris de sobreproducción tiene tendencia a agravarse por un movimiento acumulativo. Esto sigue siendo cierto hay en la época del capitalismo decadente, como lo fue antes de la segunda o antes de la primera guerra mundial.

De nuevo, la situación en los sectores donde la actual crisis estalló, no presenta de manera más favorables que en las recientes anteriores. al contrario, se señalan tasas de desempleo superiores al 25% en ciertos sectores de la industria en EEUU y la Europa comunitaria, sobre todo en España donde los índices son ciertamente alarmantes. En este país el número de casa-habitación en construcción ha caído cerca del 50% en los últimos años. Así como la demanda de ciertos productos industriales. Estos son porcentajes que recuerdan incuestionablemente 1929-1932.

Sin embargo todo eso presupone que los gobiernos burgueses se mantienen pasivos. La recesión es precisamente una crisis de sobreproducción en la que la amplitud y la duración están limitadas por una inyección de poder de compra inflacionista. Si por tales inyecciones se da un resurgimiento de la economía, en el curso de los los meses próximos -primero en EEUU luego en Japón y Alemania Occidental, la economía capitalista internacional evitará, una vez más, la depresión grave.

Es verdad que será necesario una dosis masiva de inflación para obtener el arranque económico. El movimiento acumulativo de la inflación se explica precisamente por el hecho de que, luego de cada recesión, es necesario cada vez más inflación para evitar la recesión grave. Así lo conformo elocuentemente la recesión de 1969-71 y la de 2007 con la aparición de la stagflation. (2)

Pero a diferencia de la anterior recesión, el Gran Capital está mucho más condicionado por la decisión política, este escenario presupone sin embargo que el sistema bancario internacional, es decir, los mecanismos de crédito, detengan el golpe de la slumpflatión (2). Esto fue posible en 1975-77 pero ¿lo será esta vez? Será capaz el Gran Capital de ab sorber el déficit de varios miles de millones de dólares, trayendo consigo las consecuencia múltiples de esta suma?

¡Resistirá el sistema bancario tal prueba? ¿Se producirá en el curso de la actual recesión, o a la víspera o en el curso de la próxima? He aquí el misterio que ningún economista, que ningún ministro ni empresario, banquero capitalista podrán desentrañar. He aquí la nube que se cierne sobre la operación “resurgimiento”. Si en 1974 era una nube de talla, a la propia medida de la inflación, ésta, como se predijo, no ha hecho sino crecer en función del propio resurgimiento a escala de un gran ciclón.

(1) Hay que considerar que un clima de persistencia de la inflación, a un ritmo casi igual, o ligeramente superior o inferior a los años anteriores, coincide con una acumulación y una tentativa de liquidación, excepcionales de reservas de mercancías no vendadas, y con una espectacular baja de los precios de materias primas.

Si en estas condiciones el costo de la vida continúa aumentando de manera pronunciada, hay que subrayar la responsabilidad de los monopolios especializados en los productos de amplio consumo (tanto durables como no durables, los que según un técnico muy conocido aumentan los precios por mercancía cuando el número de mercancías vendidas baja)* Debe agregarse que los gobiernos, bancos centrales y sistemas bancarios, al ampliar sin cesar la masa monetaria, y sobre todo la masa de moneda en curso corriente, les permiten actuar de esta manera.

*Este término acuñado por E. Mandel, o inflación reptante se utiliza para caracterizar un proceso de alzas regulares de precios, provocado por la acción de los monopolios en búsqueda de un aumento de sus volumen y tasa de ganancia. Al respecto, ver un viejo articulo de Jacques Valier, sobre Acumulación e inflación rastreras, en No 1, de “Critiques de l’économie politique”

(2) Slumpflation y stagflation denominan fenómenos propios del fin del boom de posguerra. Normalmente, la tendencia inflacionista corresponde a la mecánica propia de los periodos de expansión económica. La stagfaction, en cambio, señala la presencia de una presión inflacionaria en pleno periodo de estancamiento económico, como fueron los periodos señalados. La slumpfation, por su parte, combina la tendencia al alza de los precios con una abierta recesión de la actividad económica. Es la caracteriza de la crisis vivida en 1974 y principios de 1975 y la tendencia actual en la mayoría de precios al consumo y energía.

Nota: Este análisis se fundamenta, en esencia, en la aplicación de la teoría marxista con que el prestigioso economista Ernest Mandel analizó y abordó la anterior recesión económica. “La crisis” 1975

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Movimiento 15M, la vieja Polemica con los anarquistas

Esta polémica se remonta al año 1873. Marx y Engels escribieron para un almanaque socialista italiano unos artículos contra los proudhonianos, “autonomistas” o “antiautoritarios”, artículos que no fueron publicados en traducción alemana hasta 1913, en la revista “Neue Zeit”.

“Si la lucha política de la clase obrera — escribió Marx, ridiculizando a los anarquistas y su negación de la política — asume formas violentas, si los obreros sustituyen la dictadura de la clase burguesa -como la llaman ellos mismos- con su dictadura revolucionaria, cometen un terrible delito de leso principio, porque para satisfacer sus míseras necesidades vulgares de cada día, para vencer la resistencia de la burguesía, dan al Estado una forma revolucionaria y transitoria en vez de deponer las armas y abolirlo.”
(“Neue Zeit”, 1913-1914, año 32, t. I, pág. 40).

Simplemente para seguir los sagrados principios del anarquismo, hay que rendirse, deponer las armas y el Estado quedará abolido por arte de magia… -es exactamente lo mismo que la resistencia pasiva y suplicar de buenas maneras y pacificamente a los politicos corruptos que acepten el nuevo orden apolítico-

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Referendum si referendum no

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Propiedad privada y trabajo.

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Movimiento15M anuncia el crepusculo de la monarquia parlamentaria

Si el crepúsculo de franquismo presentó un régimen bonapartista que dejaba como única herencia la ausencia absoluta de base social a la clase dominante, los 30 años de monarquia parlamentaria han dotado a la burguesia de una amplia base social como instrumento politico que se expresa en el bipartidismo necesario para fundamentar ideologicamente la libertad y la democracia del mundo occidental.

Mientras el pacto social firmado los dirigentes de los burocratizados partidos reformistas y socialdemocratas proporcionó a la burguesia española un marco privilegiado para reorganizarse politicamente en la práctica, y, teoricamente, en la ideologia, causaba en la clase obrera y la generación nacida en la transición la aceptación del mal menor reformista como un maléfico San Benito. Los viejos fantasmas de la guerra y el miedo lantente aún a la dictadura, junto con la primera decada de mediocre prosperidad que siguió a los técnocratas era un excelente caldo de cúltivo para la politica reformista y socialdemocrata que fue, en estas condiciones, tacitamente aceptado. El voto útil del eurocomunismo -como último legado- pasaba el testigo de su historica traicción a la clase obrera indecisa- ofreciendo, en bandeja de plata, el triunfo a un incredulo PSOE que sin merecerlo se apropiaba de este sentimiento y, por tanto, de todo el protagonismo. Así, la clase obrera -obligada por su propia traicción, se preparaba para aceptar con reposada y responsable resignación el conformismo reaccionario, una vana esperanza que necesariamente se precipitaba a la impotencia y la desmoralización, tanto más por cuanto que la democracia burguesa cabalgando en la bonanza inflacionista y la irrupción en el mercado monetario internacional de una nuevo “patrón de cambio” nublaba toda concepción alternativa ni como mero parangón ideológico.

Esta “bonanza” económica incrementada por el retorno al mercado capitalista mundial de los países del Telón de acero primero, y del Gigante Chino después ha permitido el lujo de hacer de nuevo negocios aposentados cómodamente sombre la democracia liberal que aparece victorioso frente a sus amantes secretos los socialdemócratas que sucumben a sus encantos, reconstandose gozosos en los divanes sin ni siquiera sonrojarse cuando les ofrecen un puro, hasta que “un fuerte tirón de orejas” hace despertar del fantástico sueño en real pesadilla… Demonios y formas fanstasmagoricas aparecen ante los ojos de la mayoría de la población: Esta es la verdadera cara del bienestar y la riqueza expresada en su cínica figura; en la angustia de la precariedad y la miseria en cuerpo y alma, sin el viejo consuelo de la religión… bienaventurados los pobres…

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